Todo,
todo le interesaba. Su mente era un constante ir y venir de ideas.
Allí se cocían los planes más inverosímiles haciéndose un hueco
el más reciente al hilo de cualquier fleco olvidado del proyecto
anterior.
Cuando
de pequeña le preguntaban niña ¿a ti a qué es a lo que más te
gusta jugar? había que prepararse porque la respuesta no tenía
final. Pues a mí –decía lo que más me gusta es leer, ver pelis,
pintar, escribir cuentos, cantar, nadar, correr, saltar, jugar al
parchís, a la oca, al ajedrez, a las 3 en raya…. Para, para –le
decía. que con eso ya nos hemos enterado. Y salían corriendo ante
tanta repelencia.
Ella
no lo hacía por dárselas de interesante ni por molestar, es que, de
verdad, todo le gustaba y su mente no le permitía dar una sóla
respuesta porque hubiera sido como una traición a todas las que
esperaban apelotonadas en la punta de la lengua.
Como
todo le interesaba, le era imposible decidirse y hacer una cosa sóla
cada vez. Así pues es de imaginar que a la hora de escoger carrera
universitaria, no supiera por cuál decidirse. ¿A qué se iba
dedicar? ¿No podía ser investigadora titular y además entrenadora
los fines de semana para no perder su condición de deportista nata?
¿y por qué renunciar a escribir, por cualquier rincón, sus
apasionados versos sobre la vida, el amor, y también sobre la muerte
y el duelo? .
Por
supuesto tuvo que elegir una sóla carrera, bueno, en realidad dos
porque tenían asignaturas comunes y le sería fácil estudiar todo a
la vez. Las dos eran de Letras. Cuando iba por la mitad del segundo
curso se dio cuenta de que podía comenzar a coger asignaturas
sueltas de una carrera de Ciencias.
Mientras
tanto, en fines de semana y periodos vacacionales, pudo ir realizando
cursos de lo más diverso, desde los que le servían para mejorar su
salud y la de quienes la rodeaban, como técnicas de Quiromasaje,
Acupuntura y Naturopatía, hasta los que le servían de puro
entretenimiento, como la Acuarela fácil . Esto por no nombrar los
cursos que iba haciendo a distancia o con clases particulares de
gente conocida, como solfeo, guitarra, piano y fotografía para
todos. ¡Ah! No olvidemos los idiomas. Los estudiaba a pares.
A
los 25 años, cuando empezó a redactar su currículum, comenzaron a
aparecer páginas y páginas porque ¿a qué renunciaba? Todo podía
ser de interés para un futuro trabajo. Quién te dice a ti que, en
el caso de que la contrataran en una clínica, por ejemplo, no les
atrajera más una terapeuta que además de saber relajar con palabras
lo hiciera tocando el piano.
Así
pues optó por dejar todo puesto en el papel aún a riesgo de
aburrir, hasta el sopor, a sus posibles futuros jefes. El curriculum
presentaba nada menos que dos licenciaturas, cuatro diplomaturas y,
en estudios no universitarios, aparecía una lista interminable de
disciplinas varias, sanitarias, artísticas y técnicas.
Abarcaba
todas las áreas, todos los posibles trabajos se abrían ante ella.
Lo mismo podía presentarse en el departamento de Recursos Humanos de
cualquier multinacional (porque apenas hemos nombrado los idiomas,
pero se defendía muy bien en cuatro: francés, inglés, italiano y
portugués), que a las oposiciones para profesores de Instituciones
Docentes o ser contratada como agente de cualquier productora de
música joven.
¿Qué
le depararía el destino a esta joven tan polifacética y creativa?
Pues la verdad, nada interesante. Acabó siendo contratada, como
auxiliar administrativa (con posibilidades de promoción a
administrativa al cabo de los años) y chica de los recados en un
despacho de abogados excéntricos y vividores.
Había
meses en que no le pagaban pero, esos eran los momentos en que ella
sacaba lo mejor de su personalidad: un optimismo a prueba de bomba.
Siempre veía el lado bueno de las cosas. Le era imposible amargarse
la vida.
Pero
¿qué puede verse de positivo en que estés trabajando y tus jefes
no te paguen? La respuesta es sencilla: que no tienes la obligación
de trabajar. Y así era. Sus simpáticos jefes le daban trabajos para
pasar al ordenador que, luego, nunca le pedían. Ella aprendió la
lección y hacía como que trabajaba en eso pero lo que hacía era
algo diferente: escribía sus propias historias, cuentos y crónicas
tan reales como la vida misma. También se le daban bien los textos
de autoayuda y de divulgación científica. Lo de siempre. Le pegaba
a todo.
Ningún
cabo andaba suelto. Si un día sus jefes le pidieran alguno de esos
documentos que, se suponía, debían estar guardados en el disco duro
del ordenador, ella haría como que no lo encontraba para ganar
tiempo y así poder escribirlo por primera vez.
¿Y
qué estaba escribiendo esta chica en estos momentos, en mitad de un
pasillo (porque ella no tenía despacho propio) por donde circulaba
un montón de gente, de las más variadas procedencias y armando
siempre escándalo, tanto fuera de risas como de llantos? Pues eso
daba igual. Escribía y escribía, perfectamente concentrada en lo
suyo. Pero además de escribir, su mente siempre en actividad
frenética, estaba perfilando un plan que la iba a salvar de la
penuria económica en que la tenían sumida los servidores de la ley:
iba a hacerse famosa con la publicación de los escritos que estaba a
punto de terminar. No sabía nada del negocio del libro pero seguro
que le iría estupendamente.
El
primer problema había aparecido a la hora de centrarse en el tema
sobre el qué escribir. Podrían ser historias divertidas y fruto de
su imaginación. O aventuras vividas por gente conocida, como sus
amigas cooperantes. Pero también podría hacer una obra de
divulgación científica o, mejor, algo sobre cómo ser más feliz en
esta vida. Sí, esto último sería lo mejor. Un auténtico bombazo
editorial. Oye ¿y si pudiese dejarse este poco rentable trabajo y
dedicarse a la literatura? Los best sellers pueden convertir al autor
en millonario y casi podría vivir de rentas toda su vida. ¡Ah, qué
maravilla!. Al fin podría dedicar todas las horas de su vida a las
múltiples cosas que le gustaba hacer, en lugar de pasar todos los
días laborables en ese pasillo deprimente ¿era deprimente? Bueno,
nunca lo había sentido así pero ahora le interesaba verlo así para
darse el empujoncito necesario para el cambio.
Aunque
le costó decidirse por el tema, al fín lo hizo. Eligió escribir el
manual sobre cómo ser feliz. Le costaría poco porque ella se
consideraba muy feliz así es que no podía fallar. El título podía
ser Consejos para ser feliz. Guía fácil para vivir mejor. Con ese
título engancharía a todo el mundo, segurísimo. O mejor, Los
secretos de la Felicidad. Una guía práctica para la vida.
Tomada
la decisión del título, escribir el texto fue fácil. Las ideas se
le agolpaban en la mente tan rápidas que sus dedos no podían
teclear a ese ritmo. Tenía que parar de vez en cuando para respirar
y calmarse, retomando la marcha frenética nuevamente, sin parar ni
retocar.
Sin
revisión alguna, estuvo listo el texto en una semana. Llena de
entusiasmo, abordó la segunda parte del proyecto: la publicación.
Ni
la recibieron en las editoriales.
Su
habitual entusiasmo le hizo ver el lado bueno de la situación, como
siempre le ocurría ante cualquier problema. Si no le compraban su
obra, para ella serían todos los beneficios ¡peor para las
editoriales!
Se
fue directa a una imprenta y pidió presupuesto para hacer una tirada
de, por ejemplo, 1000 ejemplares. Dio los pasos pertinentes para
reservarse todos los derechos como autora, sacó los números del
Depósito Legal y el ISBN. A continuación confirmó a la imprenta
que las máquinas podían empezaran a trabajar.
Como
es lógico en quien no cobra, no tenía dinero para pagar la edición.
Tuvo que desprenderse de algunos aparatos que tenía en casa,
vendiéndolos a una tienda de artículos de segunda mano. Aún así
no reunió el dinero necesario y tuvo que meterse en un préstamo de
interés desorbitado, habida cuenta de que era una persona
perteneciente a un grupo de riesgo, es decir, de los que no tienen
bienes para que se los quede el banco en caso de no poder pagar.
Pero
no pasaba nada, tan optimista como siempre, se metió en esa terrible
rueda sin pensar en ninguno de los problemas que pudieran derivarse
de la aventura. Al contrario, estaba tan contenta ante la
perspectiva de haber encontrado una nueva ocupación, que ya tenía
en la mente multitud de proyectos literarios nuevos. De algunos ya
tenía hasta el Índice pensado y la bibliografía hilvanada. Estaba
deseando poner en marcha todos y cada uno de ellos. No podía apenas
dormir de la emoción que la embargaba.
Cuando
la llamaron de la imprenta para que pasara a recoger su pedido,
temblaba de emoción. No pudo ni tomarse el café.Disparada se fue
para allá con el dinero justo en los bolsillos.
Ya
en el lugar de los hechos, como decía en los escritos que hubiera
tenido que pasar al ordenador de su trabajo, su entusiasmo palideció.
¿Pues no le dicen ahora que tiene que pagar un montón de dinero más
porque el diseño y maquetación van aparte? Ah, y cuatro copias que
hay que entregar al depósito legal dicen que corren de su cuenta
(había imprentas que eso no lo cobraban pero ésta sí porque estaba
muy resabiada. ¡Vaya, qué suerte!).
A
punto estuvo de perder el equilibrio nuestra optimista escritora
metida a editora. Pero deprimirse no estaba entre sus opciones de
vida y menos abandonar un proyecto que la apasionaba.
Bueno
–le contestó al impresor como de todas formas no he traído el
coche para llevarme tantas cajas (¿cómo no había caído en el
detalle de que 1000 ejemplares no los iba a poder transportar con
sólo sus dos manos?) de momento me llevo una sola caja, se la pago y
mañana vengo con un coche a por el resto. Estuvieron de acuerdo.
A
toda prisa puso a trabajar su calculadora cerebral y llegó a la
conclusión de que si vendía rápidamente los 100 ejemplares que
llevaba en la caja, a 10 euros cada uno, podría pagar la cantidad
que le faltaba para el total y encima sobraba.
Con
su habitual alegría se puso manos a la obra. Buscó su agenda y
empezó a llamar a sus muchos amigos, amigas y familiares. Estos
serían los primeros y luego, si le faltaban por vender algunos
libros, los llevarías a las secretarías de las Escuelas donde
estudió, para las bibliotecas. Seguro que se los quedaban.
No
tenía ninguna duda sobre el éxito de la operación. Hoy en día, 10
euros es el billete mínimo para cualquier cosa: una entrada de cine
con palomitas, un taxi para ir y volver, un aperitivo, un bocata con
refresco. En fín, una cantidad que no iba a ninguna parte pero que a
ella la iba a sacar del apuro.
Empezó
por llamar a sus amigas más íntimas, empezando por la más antigua
y querida. ¡Menuda sorpresa se iba a llevar cuando le dijera que
había escrito un libro! Lo mismo se quedaba más de uno, por darse
el gusto de regalarlo y decir que lo había escrito su amiga. Al
menos eso sería lo que ella haría si fuera al revés. Y encima era
algo útil porque no hay que olvidar que el libro daba consejos sobre
cómo ser feliz.
Primera
llamada: hola, qué tal, quedamos, no quedamos, pues yo vi a fulanita
de tal y me dijo que…. A punto ya de colgar, Optimista se armó de
valor y dijo a su más antigua y querida amiga: por cierto, he
escrito un libro –silencio. Se titula los secretos de la felicidad.
Una guía práctica. Si me compras alguno me acerco ahora mismo a tu
casa y te lo llevo. Hoy he decidido no ir a trabajar para celebrar el
acontecimiento. Respuesta de su amiga del alma: ¿y cuanto vale? Un
silencio y a continuación, diez euros…respuesta de la posible
clienta: ¡uf, qué caro!. La verdad es que yo soy muy feliz y el
libro va de eso. No me hace falta. Bueno, oye, quedamos como habíamos
dicho, el jueves ¿no? Vale, vale, contestó a duras penas una
sorprendida optimista.
Pero
bueno, esta chica no se entera de lo importante que es escribir un
libro. Voy a llamar a la siguiente de mi agenda, se dijo sin
desanimarse.
Segunda
llamada. Hola, soy yo. Ah, qué bien, tenía muchas ganas de hablar
contigo porque mira que te cuento…. Después de una hora de
teléfono, con la oreja toda roja y a punto de colgar, Optimista
suelta a bocajarro: oye, he escrito un libro. Se titula bla bla
bla…..Respuesta: ay, qué pena, ahora no me viene bien comprar
nada…. Llama a nuestra común amiga tal y tal, que a ella le gustan
mucho los libros y seguro que te compra uno.
Y
así fue llamando y llamando, obteniendo respuestas parecidas ¿cómo
era posible? Pero si fulanita el otro día se gastó así, por las
buenas, 20 euros en unas papeletas de lotería de no se sabe quien. Y
citanita se gastó, sin ir más lejos, 30 en la peluquería para ir
a continuación a su casa y deshacer lo que le habían hecho porque
no le gustaba....
Empezó
a pensar que no debieron enterarse de nada. O no habían entendido
que el libro lo había escrito ella porque lo lógico era que una
amiga quisiera tener ese recuerdo en casa; o quizás habían
entendido 100 euros en lugar de 10. A veces el teléfono gasta bromas
pesadas. La personalidad de Optimista no aceptaba el lado doloroso de
la vida. Así pues, no se dio por vencida y continuó con el ataque
telefónico, pasando del grupo de amigas al de la familia. Le tocaba
el turno a la sangre. Aquí si que no le iban a fallar ¡qué
orgullosas iban a estar de ella sus hermanas y sus hermanos!
La
primera respuesta fue: ahora no me viene bien, recuérdamelo el mes
que viene. La segunda fue: chica, ¿vas a cobrar a tu propia
familia?. La tercera: siempre estás inventando cosas y metiéndote
en líos ¿qué haces que no estás trabajando?.
Optimista
no daba crédito a lo que estaba escuchando. Pero, como siempre que
tropezaba con una de esas piedras desagradables del camino, en vez de
caerse y aprovechar para reflexionar, si se caía lo que hacía era
levantarse enseguida y mirar para otro lado. No reflexionaba. Siempre
encontraba un camino alternativo para no sufrir, para no sentir el
dolor. Aunque ese camino la llevara al descalabro o a perderse en la
oscuridad, que ella siempre alumbraría con cualquier artilugio.
Y
en esta corta historia, el camino por el que optó fue el de la huída
hacia adelante. Total, ¿qué tenía ante sí? Pues tenía un señor
en una imprenta esperando con 9 cajas llenas de libros con su nombre
impreso en la tapa; un trabajo tranquilo, por el que no cobraba; una
casa sin muebles; un montón de amigas, amigos y familia que no la
habían comprendido.... Todo eso era su actual paisaje ¿qué podía
perder si lo dejaba atrás? Y empezó a imaginar un viaje de placer.
Podría comenzar un viaje y no regresar nunca más, al fin y al cabo
ella podía trabajar de cualquier cosa y en cualquier sitio.
¿Para
donde ir? ¿Hacia Europa? ¿Inglaterra para perfeccionar el inglés?
No, mejor cruzar el Atlántico y acabar en cualquier país de América
Latina donde la gente es tan hospitalaria y no tienes problemas con
el idioma. Si, era una buena idea…. Y así, sin un duro en el
bolsillo, con una gran deuda que pagar, Optimista mantenía una
sonrisa abierta y soñadora, la misma que siempre acompañaba la
aparición de un proyecto nuevo, algo fuera de lo corriente,
cualquier cosa que le permitiera salir del torpe aburrimiento y
sentir la fascinación de lo desconocido. La fascinación por
planear.
Momento en que lo normal se transforma en patológico.
Es
muy sano el espíritu optimista y la fortaleza para no sucumbir ante
las adversidades de la vida. Pero hay una fina frontera que separa el
espíritu optimista del alejamiento de la realidad.
El
punto de inflexión está en no asumir la realidad y huir hacia
adelante para no tener que solucionar lo que se deja atrás. Es la
misma técnica que utiliza para no sentir la frustración de un
proyecto que falla, saltando al siguiente sin pararse a reflexionar.
Cuando
el tipo 7 traspasa la frontera entre salud y enfermedad, se frustra
con demasiada facilidad y se vuelven infantiles e impulsivos,
teniendo gran dificultad para controlarse.
Características principales, pasión, virtud y mecanismo de defensa. Tratamientos.
Según
E. Salmon, los Tipo 7 buscan constantemente el placer, no soportan
estar encerrados y les cuesta acabar lo que han empezado. Entusiastas
y optimistas, tienden a lanzarse a la novedad, adoran tener muchos
proyectos y estar continuamente en movimiento. Tienden a subestimar
el peligro y a ser positivos incluso en situaciones difíciles.
Son
de verbo fácil y les gusta jugar, no se atan a compromisos ni se
implican. Su mente es ágil y les gusta pasar de una idea a otra
igual que empezar muchas cosas a la vez y no acabar ninguna. No les
gusta hacer una tarea laboriosa y repetitiva. Evitan sentirse mal y
orientan sus pensamientos enseguida hacia cosas agradables.
Les
gusta la diversidad, la aventura, los viajes, bromear y seducir. No
les gusta la rutina, las reuniones largas ni los días en que no pasa
nada.
Motivación
inconsciente: percepción infantil del mundo como opresor y
frustrante, lo que compensan refugiándose en su imaginación y
concentrándose en el lado bueno de las cosas.
Su
pasión es la GULA. Nada les basta, siempre necesitan más. Por miedo
a carecer, se vuelven glotones (costumbre emocional que evita el
miedo concentrándose en lo agradable). Cuando entran en la espiral
de quererlo todo enseguida, se convierten en eternos insatisfechos.
Pero pueden canalizar su energía si emplean la virtud de la
SOBRIEDAD (estado en el que se centran y dominan las emociones) que
les permitirá ser más realistas y aceptar la dimensión dolorosa de
la vida, sintiendo la alegría a un nivel más profundo.
A
continuación añadimos las características que describe Maitri:
Los
7 son entusiastas, animados, optimistas y curiosos. Todo les interesa
y son vanguardistas. Siempre necesitan nuevas ideas y ocupaciones.
Siempre están haciendo planes. Les gusta sintetizar la información
y les encanta hacer esquemas. Tienen tendencia a abandonar cuando las
cosas se ponen difíciles o si se precisa perseverancia.
Son
eternos idealistas y se centran en lo positivo. Tienden a ser
tolerantes, de mentalidad abierta y rígidos en el sentido de que
piensan que los demás deben ser así también.
El
7 siempre está planificando el futuro. Puede que el 7 nunca haya
experimentado la dicha de la unión con su madre, que haya sido
apartado de ella por cualquier circunstancia. Es por esto por lo que
siente la pérdida del amor, nutrición y seguridad.
Así,
siempre imaginando el futuro, se alimentará y evitará enfrentarse
al presente. En su afán por evitar el dolor, el 7 fomenta sentirse
bien con todo. Tiene una visión positiva y evita ver el lado oscuro
de las cosas. Los 7 parecen alegres, animados, despreocupados, llenos
de esperanza y energía. Utilizan su encanto para disolver la
agresividad de los otros, halagando y seduciendo. También les
resulta difícil tolerar que los demás tengan sentimientos de
desesperación, dolor o tristeza. A esto también tiene que darle un
giro positivo y se proponen convencer al otro de que no siente así,
o de que no hay mal que por bien no venga. Intentan que, en sus
relaciones, todo el mundo esté feliz y contento.
Como
un perpetuo adolescente, el Tipo 7 tiene poca paciencia.
Mecanismos
de defensa: contra el miedo y el dolor utiliza la sublimación, la
racionalización, idealización y la intelectualización. Con la
Sublimación el 7 se vuelve ciego a su instinto, estando atento sólo
a su motivación altruista y generosa .
Con
la Idealización tiene una visión positiva de la vida y de las cosas
en general.
Su
mente está incesantemente activa, saltando de un sitio a otro (por
eso el animal que simboliza a este tipo es el mono). Y si algo no
funciona hay siempre otros planes para empezar.
Les
encanta teorizar y generalizar. Les fascinan las palabras y los
símbolos. Son estudiosos perpetuos, acumulando siempre información.
Les encanta sintetizar datos y hacer esquemas de información. Es un
gran narrador que suele ser divertido. Son capaces de asistir a un
cursillo y volver dispuestos a dar un curso completo sobre el tema.
Cuando el trabajo se vuelve tedioso y deja de ser excitante, se
aburren y pierden el interés.
Prefieren
permanecer en la superficie de las cosas que profundizar. Les atraen
los cursillos rápidos, donde prometen mucho por poco. Cursillos de
fin de semana que prometen la Iluminación, por ejemplo. Les gusta
mostrar cuanto saben, por eso además de ser eternos estudiantes, les
gusta enseñar a los demás.
La
pasión asociada al 7 es la GULA, que no se refiere sólo a la comida
sino a un apetito voraz de ideas, de historias, de libros, de
drogas.... de cualquier cosa que le estimule. Lo que quiere es
probarlo todo y cuantas más cosas raras mejor. Está lleno de
excitación por la vida. Tiene apego a consumir. Siempre está
comiendo algo, masticando algo. La falta de estímulos provoca la
ansiedad en un 7. El movimiento hippie de los años 60 es un fenómeno
7.
Tratamientos:
A) Cognitivo-Conductual: Para
conseguir un cambio, la virtud asociada al 7 sería la SOBRIEDAD, que
hace referencia a la moderación, autodominio, seriedad y calma. Esto
se puede trabajar con una Reestructuración Cognitiva que le permita
comprender que tanta información no le ha procurado ninguna
transformación personal. Debe abandonar su mentalidad futurista y
centrarse en lo que pasa en su interior en el ahora.
B)
Tendrá que soportar la imagen de no sentirse bien.
Abandonar
la creencia de que tiene que estar contento todo el tiempo. Tiene que
reflexionar sobre su temor a ser abandonado y no querido. Debe poder
hacer frente al dolor y al miedo.
Será
entonces cuando pueda apreciar la felicidad y la alegría verdaderas.
Hay que trabajar también el concepto de que la Felicidad no puede
ser permanente.
Hay
que ayudarles a aprender a desdramatizar el miedo a implicarse y
hacerles apreciar la constancia y la perseverancia como cualidades
muy positivas.
Sí
es bueno que preserve su alegría y su saber sacar siempre el lado
positivo de cada situación. Conservar su optimismo, espontaneidad,
inventiva y capacidad para subir la moral a quien le escuche.
C)
Hipnosis: Les beneficiarían las sugestiones dirigidas a valorar el
placer por el trabajo bien hecho, así como la auto-disciplina y la
perseverancia.
También
debería aprender a tomarse tiempo y distancia para digerir
experiencias y hacer balance. Es decir, aprender a pararse a
reflexionar.
D)
PNL: una de las cosas que debe aprender un 7 es la autodisciplina.
Para trabajar sus creencias recomiendan la técnica de Reimprinting,
además de los modelos Fijación de Objetivos y Construyendo un
futuro real. El Reencuadre le ayudará a sobrellevar las emociones
dolorosas.
Correspondencia con otras clasificaciones de personalidad y sus trastornos.
Este
tipo de personalidad contiene algunos de los rasgos de la
Personalidad Inmadura descrita en el DSM-IV.
Corresponde
también al tipo Hipertímico de la clasificación de Schneider y al
Productivo de Fromm.
En
Psicoanálisis esta personalidad correspondería al tipo Oral.
En
el cuadro del Eneagrama de Claudio Naranjo el trastorno derivado de
esta personalidad sería la Manía.

0 comentarios:
Publicar un comentario